Breve Reseña Histórica

24 03 2010

La Iglesia Presbiteriana de Chile fue fundada el 7 de Junio de 1868, en la ciudad de Santiago, y fue la primera Iglesia Protestante chilena, cuyo origen estuvo en la respuesta, responsabilidad y celo misionero del Dr. Rev. David Trumbull y de la Iglesia Presbiteriana Unida de Estados Unidos.

El 13 de Junio de 1883 se organizó el Presbiterio de Chile, cuerpo eclesiástico de gobierno democrático representativo que dirigió, administró y propulsó la tarea fundamental de la Iglesia Presbiteriana de Chile, que es la evangelización, esto es, la proclamación que Jesucristo es el único y solo Mediador y Salvador del hombre, según lo establecen las Sagradas Escrituras, la Biblia.

Adopta la Constitución de la Iglesia Presbiteriana Unida de los Estados Unidos de América, que contiene la forma característica del ser presbiteriano. La Constitución de la Iglesia Presbiteriana de Chile, en consecuencia, contiene los documentos básicos que regulan la vida eclesiástica de nuestra amada Iglesia: Los referidos documentos constitucionales son:

1. Confesión de Fe
2. Forma de Gobierno
3. Libro de Disciplina
4. Directorio del Culto

Esta Constitución contiene que llegaron a ser decisivas en la formación de lo que se conoce como “estilo presbiteriano o calvinista”, de las cuáles destacan:

1. La Biblia, única regla de fe y práctica
2. La soberanía de Dios
3. Cristo, el centro de la vida y de la historia, el único Salvador del hombre
4. Dios es el único Señor de la conciencia
5. Sostiene y propicia el sistema de gobierno democrático representativo.

La Iglesia Presbiteriana de Chile, en su expresión administrativa el Presbiterio de Chile, fue respetuosa del espíritu y forma de la Constitución que adoptó, y se sujetó a todas las normas, doctrinas y características presbiterianas. Esta Iglesia ha tenido hombres de altura y dignidad, entre los cuáles destacan los Reverendos Enrique Krauss, Juan Bautista Aracena, Carlos Cañón, Rodolfo Vergara, Víctor Harboe y Horacio González, quienes han inspirado y alentado a la membresía de nuestra amada Iglesia a asumir la totalidad de la responsabilidad de la conducción eclesiástica y de la difusión del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo.

Cuando el Presbiterio de Chile recibió el desafío que le hizo la Iglesia Presbiteriana Unida de Estados Unidos, en el sentido de ser una “Iglesia Independiente de Gobierno Autónomo”, la Iglesia Presbiteriana de Chile procedió a encaminar y oficializar, según las normas constitucionales, la petición correspondiente al Sínodo de Nueva York, el cual la aprobó y a su vez la remitió a su Consejo Superior, la Asamblea General aprobó y ratificó lo acordado lo acordado por el Sínodo de Nueva York y determinó que “después del primero de Enero de 1964”, el Moderador en ejercicio del Presbiterio de Chile, convocara a dicho consejo para constituirse como Venerable Sínodo de la Iglesia Presbiteriana de Chile y organizara tres Honorables Presbiterios bajo su jurisdicción.

El solemne y trascendental acto fue presidido por la autoridad máxima de la Iglesia Presbiteriana Unida de Estados Unidos, el Moderador de la 175ª Asamblea General Dr. Rev. Silas Kessler, quien en el culto solemne de constitución del Venerable Sínodo instaló, en la Moderatura, al que había sido electo, al Rev. Horacio González Contesse, quedando así, este consejo organizado el 14 de enero de 1964.

La Iglesia Presbiteriana de Chile ha luchado incesantemente por ser fiel a Jesucristo, según se enseña en las Sagradas Escrituras, la Biblia; ha instado a su membresía a ser responsable de sus actos en el orden secular, según las enseñanzas de la Biblia; ha enseñado infatigablemente a su membresía para que crezca en el ejercicio responsable de su libertad y consecuentemente llevar a la práctica el característico sistema de gobierno presbiteriano; ha insistido ante su membresía, desde antes de 1935, año que marca un hito importante en la historia de la Iglesia, en la necesidad de sostener nuestra Iglesia, en sus distintos niveles y actividades de expansión misionera y edificación espiritual, mediante los diezmos y ofrendas, como señal que toda la vida ha sido consagrada a Jesucristo nuestro Señor y Salvador, delante de quien hemos de decir, después de todo lo que pudiéramos haber hecho: “Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer hicimos” Lc. 17:10.

Hasta hoy nos ha acompañado el Señor; el mañana lo hemos de vivir tomados de su mano, como lo hicieron las generaciones que nos precedieron.

Venerable Sínodo de la Iglesia Presbiteriana de Chile
1983








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